LOS PRISMAS DE BONANNO 

 

Gastón Luciano Bonanno es hijo y nieto de artesanos. De la vieja Italia llegó el eco de los utensilios y aparejos del campo a la ciudad bonaerense donde nació. El yunque, la fragua y los rescoldos para templar el hierro y la vida: la memoria de uno mismo. 

Hoy no todos los escultores son artesanos, y es una enorme dificultad para apreciar la sensibilidad de los mismos. Los que son artistas y tienen el oficio, pueden trabajar mucho mejor los matices de la expresión. Muchas veces el espectador se impresiona no por las referencias culturales sino por la perfección técnica que observa. En el caso de Gastón, como el escultor mallorquín Pep Canyelles, el taller de la herrería fue el inicio del recuerdo y es ahora el instrumento de la expresión. Como la soldadura autógena fue primero el método de trabajo mecánico de Julio González, que luego su genio elevó a expresión de lo sublime contemporáneo. 

Bonanno ha partido de formas simples con dejes surrealistas, como la gota-lágrima del grifo que la mano inútilmente intenta recoger, ha seguido con formas más expresionistas casi contando la historia de sus personajes hasta llegar a una mayor complejidad. Sus prismas del recuerdo ensamblan múltiples objetos de deshecho para formar una unidad; en ellos, viejos engranajes encajan con hilos desdibujados como los días vividos. Círculos, triángulos, cuadrados, rectas, bisagras se unen con el fuego del sentimiento y la pasión intentando esbozar una geometría contenida, secreta y poética. También las series de las cruces son de 2015, pero prefiero no comentar formas tan icónicas a pesar de su belleza indudable. 

Esa secreta complejidad, de la que nos habla J. L. Borges, es la búsqueda de nuestro escultor. El oficio, su particular escala de Jacob para acceder a lo más alto de la iluminación. 

2014.

Àngel Terrón Homar (traducido del texto original en catalán)

Poeta y científico

En la intimidad de su taller, en la quietud religiosa de los días repetidos, Gastón Luciano Bonanno ha construido una poética de las formas duras. Su obra se debate entre curvas que evocan el serpentear del fuego y ángulos de matemática imposible. Sus esculturas, como ejercicios de introspección y honestidad, no ofrecen asideros, no citan arquetipos.

 

Artista autodidacta, excéntrico, Gastón emplea el hierro como instrumento embellecedor; y lo serena, lo sublima con su invierno de metales orgánicos. Metales como instantáneas del mundo, metales que apelan a lo emocional, que trepan sobre

el vacío, que comulgan con el milenario silencio de la piedra; con su impasible dureza, con su luz apagada.

2010.

 

Leonardo Battauz

Filósofo

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